Llegamos a Toronto al caer la tarde y nos hospedamos en un hotel en la vecina población de Brampton, aprovechando aquella noche para planear los sitios y atracciones a visitar en la gran ciudad. Ya nos habíamos informado sobre el City Pass Toronto, un pase que existe para conocer varias atracciones en la ciudad a un precio reducido. Así que finalmente decidimos optar por esta opción. Respecto al transporte, la mejor opción era dejar el automóvil estacionado en un parqueadero público cerca de alguna estación de metro, y hacer uso del transporte público de la ciudad, que es bastante eficiente.

Al día siguiente nos dirigimos en primera instancia a la atracción más reconocida de Toronto la CN Tower. Esta torre fue hasta hace algunos años la estructura más alta del mundo, hecho que inevitablemente la hace muy popular al turismo. Y por tal razón, como es de esperar, hay una gran fila a la entrada, lo cual sumado a las requisas de seguridad a las que deben someterse todos los visitantes, hacen que el ingreso sea bastante demorado. En nuestro caso, tomó una hora aproximadamente poder subir al nivel del restaurante, que es adonde suben todos los visitantes (y es lo que está incluido en el City Pass). De allí, por una cantidad adicional, puedes tomar otro elevador para ir a un nivel superior, cosa que finalmente no hicimos, pues por experiencias similares (Tokyo Tower, Empire State, etc) realmente creemos que no hay gran diferencia. En este nivel puedes tomar magníficas fotos de la ciudad y del lago, y caminar por el piso de vidrio. Después de un buen rato acá, de nuevo otra fila, esta vez para bajar. El City Pass para la CN Tower incluye, además del ascenso a la torre, una película 3D o una con movimiento, opciones a las que se puede acceder en la parte baja de la torre.

Al día siguiente decidimos visitar el zoológico. Dada su lejanía de la ciudad, el automóvil fue la mejor opción para llegar. El zoológico es grande, te puede tomar casi todo el día andar por él, es muy completo y variado. Después de recorrerlo todo, nos quedó algún tiempo para alcanzar a visitar el ROM (Royal Ontario Museum). La visita vale la pena, el museo abarca tanto historia natural como historia canadiense y, por supuesto, arte de todo el mundo. A la salida, siendo la última noche en Toronto, decidimos hacer un recorrido nocturno por la Yonge Street, con una parada en la plaza Dundas, en la intersección de Dundas y Yonge, lugar donde se realizan múltiples eventos culturales y se concentra mucha gente. Al frente de esta plaza está el Eaton Centre, un inmenso centro comercial y financiero.


Al día siguiente, dedicamos la mañana para visitar la última atracción de nuestro City Pass: Casa Loma. Esta casa fue construida durante la época de esplendor de sir Henry Pellat, un millonario canadiense de finales del siglo XIX, reconocido por, entre otros logros, llevar la energía eléctrica a la ciudad de Toronto.

La casa es imponente, cada uno de sus múltiples habitaciones tiene una historia interesante, al igual que los magníficos jardines. Fue la mejor manera de despedirnos de Toronto e iniciar un recorrido más, esta vez hacia la ciudad de Ottawa, capital de Canadá.

Vamos a ver con qué experiencias nuevas para contar nos encontramos.

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